jueves, 25 de agosto de 2016

LA MUJER MADURESCENTE






                                                 LA MUJER  MADURESCENTE



La mujer madurescente manifiesta un clima emocional exagerado, caracterizado por una serie de sentimientos ambivalentes que oscilan entre un bienestar subjetivo pleno y un autoconcepto negativo de sí misma. Esta ambivalencia se acompaña de una reevaluación permanente con respecto al tiempo vivido, a las tareas realizadas, a las elecciones efectuadas y a la adquisición de vínculos sociales significativos. Dicha ambivalencia responde a la pugna que se establece entre aquellos aspectos de la personalidad que tienden a la seguridad, a lo conocido, y aquellos que las impulsan hacia la aventura, a lo desconocido.
Apelando a conceptos de la psicología dinámica, a los aspectos de la personalidad que tienden a la seguridad, los podemos designar con el nombre de yo fusionador; mientras que aquellos que impulsan hacia la búsqueda de experiencias nuevas podemos identificarlos con el nombre de yo buscador.


El yo fusionador es el yo más primario. Representa el modelo de relación más primitivo, que se constituye en el vínculo de dependencia con la madre. Es el yo que se elabora en el vínculo con una persona que cubre nuestras necesidades básicas y profundas de contacto. Este yo tiene que ver con los aspectos simbióticos y dependientes, por lo que tiende a la búsqueda de seguridad, y predomina en las experiencias infantiles. Proporciona arraigo emocional en los momentos de la vida en que nos encontramos en estados de cierto equilibrio.
En tanto, el yo buscador es aquel que impulsa a la individuación-separación, es decir, al abandono de los vínculos de dependencia y de la relación simbiótica, y orienta hacia la búsqueda de la autonomía. Ambos yo tienen objetivos diferentes, aunque cuando se complementan generan una sensación de bienestar. No obstante, si predomina algún yo sobre el otro, se produce una desorganización que conduce a la crisis.



 El predominio del yo fusionador produce una sensación de encierro, de vínculos cerrados que se autoabastecen a sí mismos. El predominio del yo buscador impulsa a una búsqueda incesante de autorrealización personal, con el riesgo de transformar a la persona en un errante caminante, desarraigado de todo aquello que implique compromiso emocional, lo que suele desencadenar experiencias de soledad profunda.
Por el peso de la socialización femenina, la mujer madurescente ha estado más inclinada hacia el polo del yo fusionador. En este momento del curso vital suele manifestar una tendencia hacia el yo buscador, lo que genera un conflicto en sus vínculos y en sus elecciones. En este tiempo vital, en el que comienza a tomar conciencia de que el tiempo se acorta, que el tiempo comienza a ser medido como tiempo por vivir, la mujer experimenta la necesidad de "salir al mundo" a explorar experiencias nuevas antes de que el tiempo se agote.


Este impulso a lo nuevo conduce a las mujeres en las que predominaba el yo fusionador a una reorganización de su entorno vital. Por ejemplo, reanudan ciertas actividades o proyectos interrumpidos en la juventud, cuando postergaron sus proyectos personales para reasegurar los vínculos familiares. A veces, evalúan descarnadamente los beneficios que les ha aportado un matrimonio de años y se plantean la alternativa del cambio de pareja o la disolución de vínculos que son visualizados como poco enriquecedores. Otras veces, se despliega algún talento creativo antes no desarrollado o se exploran mundos internos que pueden aportar nuevos recursos y ampliar su potencial personal. En tanto, las mujeres madurescentes en quienes ha predominado la experiencia del yo buscador sienten cierta nostalgia de establecer vínculos seguros, que les permitan arraigarse y descansar de tanta búsqueda.


Dr. José Alberto Yuni y Claudio Ariel Urbano

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... ya transitan por mi sendero, los invito a conversar!