Lo afirmò Saramago....
Qué cuántos años tengo? -
¡Qué importa eso !
¡Qué importa eso !
¡Tengo la edad que quiero y siento!
La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso o lo desconocido..
. Pues tengo la experiencia de los años vividos
y la fuerza de la convicción de mis deseos.
¡Qué importa cuántos años tengo!
¡No quiero pensar en ello!
Pues unos dicen que ya soy viejo,
y otros "que estoy en el apogeo".
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice,
sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.
Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso,
para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos,
> rectificar caminos y atesorar éxitos.
> rectificar caminos y atesorar éxitos.
Ahora no tienen por qué decir: ¡Estás muy joven, no lo lograrás!...
¡Estás muy viejo, ya no podrás!...
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma,
pero con el interés de seguir creciendo.
Tengo los años en que los sueños,
se empiezan a acariciar con los dedos,
las ilusiones se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor,
a veces es una loca llamarada,
ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.
y otras... es un remanso de paz, como el atardecer en la playa..
¿Qué cuántos años tengo?
No necesito marcarlos con un número,
pues mis anhelos alcanzados,
mis triunfos obtenidos,
las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones truncadas...
¡Valen mucho más que eso!
¡Qué importa si cumplo cincuenta, sesenta o más!
Pues lo que importa: ¡es la edad que siento!
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero,
pues llevo conmigo la experiencia adquirida
y la fuerza de mis anhelos
¿Qué cuántos años tengo?
¡Eso!... ¿A quién le importa?
Tengo los años necesarios para perder ya el miedo
y hacer lo que quiero y siento!!.
Qué importa cuántos años tengo.
o cuántos espero, si con los años que tengo,
¡¡aprendí a querer lo necesario y a tomar, sólo lo bueno!!
- . -
“Yo tengo ideas para novelas, ella tiene ideas para la vida”.
Los relojes en la casa de José Saramago están detenidos a las 4 de la tarde, hora en la que el escritor se citó por primera vez con su esposa Pilar: “Eso no significa que el tiempo se haya quedado ahí, sino que es como si el reloj marcara la hora en la que el mundo empezó”.
El escritor portugués decía que todo lo bueno en su vida vino a ocurrirle tarde, refiriéndose a su faceta formal de escritor y, por supuesto, al amor. Saramago conoció a María del Pilar a la edad de 63 años, un 14 de junio de 1986, cuando la intrépida periodista se atrevió a citar al escritor, así, sin mayor intención que conocerlo. Meses después Pilar recibió una carta de Saramago pidiéndole volverse a ver, y a partir de ese momento el escritor y la periodista se unieron para construir su propia historia.
Desde ese entonces, Pilar se volvió su compañera de vida, su mano derecha, gracias a sus traducciones todos los que hablamos español tuvimos la oportunidad de deleitarnos con la obra del excelso escritor. Pilar tradujo todas las novelas de Saramago, a partir de Ensayo sobre la ceguera. Siempre se complementaron.
Como haciéndole un homenaje al concepto de isla que tantas veces mencionó el autor en su filosofía, Lanzarote, isla del archipiélago canario español, fue el lugar que Pilar y Saramago eligieron para vivir, tras haber radicado en Lisboa, después de su matrimonio celebrado en 1988.
Pilar se enamoró primero de la literatura de Saramago y después de conocerlo descubrió que él era como sus libros: un hombre sumamente interesante, un escritor disciplinado, humilde y apasionado que se autodeclaraba callado y melancólico, de pocos amigos pero de grandes lealtades. Sin duda, un humano ya añejado por un sinfín de experiencias, y con un entendimiento del amor más maduro también; así lo declaraba el escritor:
“El amor tampoco es una cosa que pueda ocurrir a los 18 años y mantenerse de la misma forma hasta los 80. Uno tiene dos, tres, o cinco, y a veces más amores en su vida, y todos son eternos.
Pero a los 63 años, cuando he conocido a Pilar, todo lo que antes había llamado amor —incluso cuando fuera apasionado, loco, imbécil, tonto, disparatado—, todo eso en el fondo era nada si lo comparaba con lo que me estaba ocurriendo tras el encuentro con esta mujer, extraordinaria desde todos los puntos de vista. Aunque parezca un poco dura, es la bondad en persona, en un sentido muy claro para ella: está en el mundo para ayudar”.
Pilar es una mujer de carácter fuerte y determinado, un árbol con las raíces bien plantadas que ayudó a florecer el lado humano y profesional de Saramago. Aunque fue criticada por muchos, ella jamás soltó el brazo de su esposo; cual madre con su hijo, siempre cuidó del escritor; con mano recia apuntaba con el dedo el próximo destino de Saramago, y así viajaron juntos por todo el mundo, saciando a las multitudes que aclamaban sus libros y que esperaron horas por una firma.
Así fue hasta que los andares de la vida, combinados con la edad, comenzaron a cobrar factura a Saramago, y así fue que recibió la llegada del año 2008 en la camilla de un hospital. La prensa ya preparaba las esquelas, pero meses después el escritor se recuperó y salió a terminar El viaje del elefante, y como habría de esperarse, Saramago agradeció:
“A Pilar, que no dejó que yo muriera”.
Sin embargo, nadie es eterno, ni siquiera aquellos que hacen cosas eternas. El 18 de junio del 2010 fue el último día de Saramago. Pilar aún recuerda la pregunta que días antes el escritor le hizo mientras desayunaban: “Somos felices, ¿verdad?”. Y así se fue un grande: “de haber estado y no estar”.
Pilar le hizo honor a su nombre y justo eso fue en las últimas tres décadas de vida de Saramago: Pilar, la que lo defendía a capa y espada; Pilar, la que preparaba las maletas; Pilar, la que agendaba los viajes; Pilar, la mujer en la que Saramago escribió sus últimas líneas…
A Pilar, hasta el último instante”
“A Pilar, los días todos”
“A Pilar, mi casa”
“A Pilar, que no dejó que yo muriera”
“A Pilar, como si dijera agua”.
“
“A Pilar, que todavía no había nacido y tanto tardó en llegar”.






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